Érase una vez un conejo que iba por el campo y se dio cuenta que había perdido el rastro de su familia.
Después de estar tres días solo y llorando se encontró con un cervatillo y le contó que había perdido el rastro de su familia.
El cervatillo le dijo que había visto unos kilómetros más adelante una familia de conejos muy tristes y buscando a su hijo.
El cervatillo ayudó al conejo a volver a casa y los padres del conejo, muy contentos, le invitaron a comer.
FIN
