Érase una vez unos huevos mágicos de dragón que cuando se iluminaba su diamante en el centro de su huevo era que se habían despertado los dragones.
Entonces las mamás y papás sabían que los dragones se iban a despertar. Pero un día un nuevo se rompió y fuera del huevo no había nadie.
El dragón empezó a andar pero no encontraba a nadie.
Os preguntaréis que dónde estarían... Los demás fueron hipnotizados.
¿De quién?
De un oso. El oso necesitaba lágrimas de dragón para que su fuerza fuera increíble cómo la de ninguno.
Al final todos los dragones volvieron a su isla con su hijo.
Fin
