Érase una vez una regadera que cuando veía con su súper mente una flor seca se movía lentamente para que nadie le viese y regaba esa flor.
Un día yendo a regar una flor un humano le vio.
El humano se sorprendió y la regadera se lo explico todo.
Después de unos días a ese humano llamado Antonio se le ocurrió una idea y era ayudar a la regadera a regar todas las flores, a la regadera le gustó mucho su idea.
Fin
